En los ancianos que caminan más lentamente se incrementa el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular.
En una investigación realizada en el INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica, en Francia) se plantea como objetivo estudiar la relación entre la velocidad con que se camina y el riesgo global de muerte en individuos ancianos, así como sobre las principales causas de mortalidad.
Han participado en el estudio unas 3000 hombres y mujeres con 65 o más años (edad media de 73 años), reclutados entre 1999 y 2001, los cuales fueron seguidos durante una media de 5 años.
Una vez medida en cada uno de los participantes la velocidad con que caminaban, se establecieron tres niveles, para hombres y otros tantos para mujeres:
1- En los hombres: 1,5 metros/seg. o menos; entre 1,51 y 1,84 metros/seg.; y 1,85 metros/seg. o más.
2- En las mujeres: 1,35 m/seg. o menos; entre 1,36 y 1,50 m/seg.; más de 1,50 m/seg.
El resultado fue que aquellos participantes cuya velocidad al caminar se encontraba en el tercio inferior (1,5 metros/seg.), cuando se comparaban con los participantes cuya velocidad al caminar estaba en el tercio superior (1,85 metros/seg. o más en el hombre y más de 1,50 m/seg. en la mujer), se demostraba una asociación significativa con el riesgo de morir de enfermedad cardiovascular.
La consecuencia práctica, según los autores, es que la medición de la velocidad al caminar en las personas ancianas puede ayudar a evaluar el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y, en consecuencia, a atenuar este riesgo mejorando en lo posible dicha velocidad.
Fuente: British Medical Journal, online, Noviembre de 2009