En un artículo publicado en la revista Journal of American Medical Association del 22 de septiembre de 2006, miembros de las Escuelas de Medicina de las Universidades de Virginia y Hawai, se proponen averiguar si esta conocida relación entre actividad física y demencia incluye a una actividad física de baja intensidad como es caminar.
En un estudio prospectivo han participado 2.257 hombres físicamente capacitados, con edades comprendidas entre los 71 y los 93 años, desde el año 1991 al 1993.
El seguimiento de una incipiente demencia, en sus diversas formas, se hizo mediante dos exámenes neurológicos realizados entre 1991 y 1993. Durante el seguimiento se diagnosticaron 158 casos de demencia.
Los hombres que caminaron poco (menos de ½ kilómetro/día) presentaron más casos de demencia (1,8 veces) comparados con aquéllos que caminaron más de 3,5 kilómetros / día. Comparados con los hombres que más caminaron (más de 3,5 kilómetros/día), se observó un exceso de riesgo de demencia en aquéllos que caminaron entre menos de ½ kilómetro/día y 1,5 kilómetros/día.
Esta asociación entre el hábito de caminar diariamente y el riesgo de desarrollar un estado de demencia persistía después de tener en cuenta otros factores, incluyendo la posibilidad de que la limitación en el hábito de caminar pudiera ser el resultado de un declive en la función física debido al inicio solapado de un estado de demencia.
La conclusión de los autores es que el hábito de caminar en los ancianos se asocia con una reducción en el riesgo de desarrollar demencia. En consecuencia, la promoción de estilos de vida físicamente activos en los hombres ancianos físicamente capaces puede ayudar a conservar la función cognitiva en la ancianidad.
Fuente: JAMA